Velocidades de transferencia de vértigo, acceso instantáneo a
aplicaciones, consumos más bajos y grosores compactos. Razones
suficientes para decirle adiós a los discos HDD.
Hasta hace poco, una de las principales mejoras que podíamos acometer en nuestro PC era la de ampliar la memoria RAM. Al añadir más cantidad, el aumento en el rendimiento era palpable de inmediato y constituía una de las formas más baratas y prácticas de alargar su vida.
Ahora sigue siendo una práctica recomendable, pero existe una alternativa que ofrece mejores resultados: sustituir un viejo disco magnético (HDD) por una unidad de estado sólido (SSD). El sistema operativo se ejecutará con impecable fluidez, las aplicaciones se abrirán prácticamente en cuanto hagamos clic sobre ellas, los archivos se moverán de un lado a otro instantáneamente….
Así, al no basarse en el giro magnético de los cabezales, que graban y leen datos de manera circular a través de una aguja, tanto el tiempo de acceso como la latencia se reducen sustancialmente y desaparecen posibles cuellos de botella (la media de búsqueda de información en un SSD es de apenas 0,2 milisegundos, frente a los 10 de los mecánicos). Y todo ello repercute lógicamente en una mayor rapidez de todo el sistema operativo.
Otro gran beneficio es el consumo que precisan para funcionar, ya que los módulos de memoria Flash en los que se almacena la información requieren de muy poca energía (por ejemplo, 1,5 vatios frente a los 20 de los HDD), y de esta forma la batería de un portátil es capaz de durar más, al tiempo que genera menos calor.
De igual forma, existe menos riesgo de que se estropeen, pues resisten mejor golpes o caídas al no desprenderse varias piezas; y su grosor y peso también son menores, algo interesante para facilitar diseños más delgados. Es más, incluso en funcionamiento generan menos ruido.
No obstante, en su fabricación no todo son ventajas: en caso de fallo físico (como un error en alguna celda), no podremos recuperar la información allí almacenada como sí sucede con los discos HDD, y también son más vulnerables a los campos magnéticos y a la electricidad estática.

Los SDD no han desbancado todavía a los HDD por su alto coste; por 120 euros se puede conseguir uno de 120 gbytes
Hasta hace poco, una de las principales mejoras que podíamos acometer en nuestro PC era la de ampliar la memoria RAM. Al añadir más cantidad, el aumento en el rendimiento era palpable de inmediato y constituía una de las formas más baratas y prácticas de alargar su vida.
Ahora sigue siendo una práctica recomendable, pero existe una alternativa que ofrece mejores resultados: sustituir un viejo disco magnético (HDD) por una unidad de estado sólido (SSD). El sistema operativo se ejecutará con impecable fluidez, las aplicaciones se abrirán prácticamente en cuanto hagamos clic sobre ellas, los archivos se moverán de un lado a otro instantáneamente….
Las ventajas
La tecnología que aporta este plus responde al nombre de NAND Flash, presente tanto en las omnipresentes llaves USB como en las unidades de estado sólido, y a diferencia de los discos HDD, consiste en una sola pieza.Así, al no basarse en el giro magnético de los cabezales, que graban y leen datos de manera circular a través de una aguja, tanto el tiempo de acceso como la latencia se reducen sustancialmente y desaparecen posibles cuellos de botella (la media de búsqueda de información en un SSD es de apenas 0,2 milisegundos, frente a los 10 de los mecánicos). Y todo ello repercute lógicamente en una mayor rapidez de todo el sistema operativo.
Otro gran beneficio es el consumo que precisan para funcionar, ya que los módulos de memoria Flash en los que se almacena la información requieren de muy poca energía (por ejemplo, 1,5 vatios frente a los 20 de los HDD), y de esta forma la batería de un portátil es capaz de durar más, al tiempo que genera menos calor.
De igual forma, existe menos riesgo de que se estropeen, pues resisten mejor golpes o caídas al no desprenderse varias piezas; y su grosor y peso también son menores, algo interesante para facilitar diseños más delgados. Es más, incluso en funcionamiento generan menos ruido.
No obstante, en su fabricación no todo son ventajas: en caso de fallo físico (como un error en alguna celda), no podremos recuperar la información allí almacenada como sí sucede con los discos HDD, y también son más vulnerables a los campos magnéticos y a la electricidad estática.
Los SDD no han desbancado todavía a los HDD por su alto coste; por 120 euros se puede conseguir uno de 120 gbytes
